Dormir mejor para una piel mejor: el tratamiento que ya estás pagando

Mesilla de noche con un vaso de agua, una ramita de eucalipto y un libro, con la cama al fondo

Puedes tener la mejor rutina de cuidado del mundo. Puedes gastarte lo que quieras en sérums. Si duermes mal, se te va a notar en la cara igual.

No es una frase bonita de anuncio: de noche la piel hace cosas que de día no hace. Y ese trabajo ya lo estás pagando con tu tiempo. La cuestión es si lo estás aprovechando.

Qué pasa mientras duermes

Mientras duermes ocurren cuatro cosas bastante bien documentadas en dermatología:

  • Sube la renovación celular. La piel reemplaza células a más ritmo durante la noche que durante el día. Es cuando se repara el daño acumulado.
  • Se produce colágeno. La síntesis de colágeno está ligada a las fases profundas del sueño y a la hormona del crecimiento, que se libera sobre todo en las primeras horas.
  • Baja el cortisol. El cortisol es la hormona del estrés y, entre otras cosas, degrada colágeno y estimula la producción de grasa. De noche debería estar en mínimos.
  • Sube la pérdida de agua. La piel pierde más agua por evaporación de noche que de día. Por eso te levantas con la piel más tirante que cuando te acostaste.

Dormir poco rompe esas cuatro. El cortisol se queda alto —y el cortisol alto se traduce en más grasa, más granitos y ese aspecto apagado que reconoces al instante en el espejo— y la reparación se queda a medias.

Aquí conviene ser prudente con lo que se promete: dormir bien no es un tratamiento estético y no sustituye a nada. Lo que sí es, es la condición para que lo demás funcione.

Lo que sí se puede cambiar

Limpiar antes de acostarse, siempre

La piel trabaja mejor limpia, y ocho horas con maquillaje y contaminación encima son ocho horas de poros tapados. Es lo más básico y lo que más gente se salta a las dos de la mañana.

Hidratar, porque la noche deshidrata

Si de noche se pierde más agua, es cuando más sentido tiene una crema con oclusivos. Aquí hay un detalle que casi nadie tiene en cuenta y que va al final de este artículo.

Horario regular, más que muchas horas

El cuerpo funciona por ritmo circadiano. Siete horas todos los días a la misma hora rinden más que nueve un día y cinco al siguiente. La constancia importa más que el total.

Menos pantallas la última hora

No tanto por la luz azul —el efecto está discutido— como por lo que haces con el móvil: contenido que activa, luz a diez centímetros de la cara y la hora que se te va sin darte cuenta.

Cuidado con el alcohol antes de dormir

Ayuda a dormirse y estropea el sueño profundo, que es justo la fase en la que se hace la reparación. Además deshidrata. Es la peor combinación posible para la piel.

Y luego está la almohada, de la que nadie habla

Haz la cuenta: si duermes siete horas, pasas casi un tercio de tu vida con la cara apoyada en un trozo de tela. Más tiempo del que pasas aplicándote cualquier cosa que hayas comprado.

Una funda de algodón hace dos cosas que van en contra de todo lo anterior:

  • Absorbe. El algodón se bebe la humedad — es su virtud en una toalla y su defecto debajo de tu cara. La crema de noche que te acabas de poner se reparte entre tu piel y la funda.
  • Agarra. La fibra del algodón es corta y rugosa: la piel no desliza sobre ella, la tela la arrastra. De ahí salen las marcas con las que te levantas, que con los años dejan de irse solas. Lo contamos entero en marcas de la almohada en la cara.

La seda no hace ninguna de las dos: es un filamento continuo y liso, apenas absorbe y la piel resbala en lugar de engancharse. No es un tratamiento, es quitar de en medio algo que estaba trabajando en contra ocho horas cada noche.

Y ojo con la palabra satén, que es donde casi todo el mundo se equivoca: satén no es un material, es una forma de tejer, y casi siempre se hace con poliéster. Brilla parecido, cuesta seis euros y no respira. Lo desmontamos en seda o satén.

Una rutina de noche que se sostiene

  1. Limpieza, aunque sea rápida.
  2. Tu tratamiento —lo que uses— y una crema por encima que lo selle.
  3. Habitación fresca y a oscuras. Si tu calle tiene farola o te levantas antes que el sol, un antifaz hace más por tu descanso que cualquier otra cosa de esta lista.
  4. Y la almohada. Una funda de seda de 19 momme es el cambio que menos esfuerzo exige de todos: se hace una vez y funciona todas las noches sin que tengas que acordarte.

Eso es lo interesante de esta parte: no es un hábito más que mantener. Es una decisión que tomas una vez.

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