Hay noches en las que apetece hacer menos y disfrutar más. Una cama cuidada empieza por detalles sencillos: una funda que encaje bien, una luz agradable y una ropa de cama que te guste tocar. La seda puede formar parte de ese ritual por su superficie lisa y su acabado delicado.
Empieza por la pieza que usas cada noche
Una funda de almohada es una forma sencilla de introducir la seda sin renovar toda la cama. Mide tu almohada y compara las medidas de la ficha: una funda demasiado ajustada comprime el relleno; una muy holgada forma pliegues. En nuestra funda de 19 momme encontrarás opciones de 50 × 75 y 50 × 90 cm.
Crea una combinación fácil de mantener
Elige un color que dialogue con tus sábanas y reserva una funda de recambio para los días de lavado. Si prefieres un tejido con más cuerpo, compara las opciones de 22 y 25 momme. El gramaje ayuda a elegir el tacto, pero también cuentan el cierre y la composición de cada cara.
Tu momento de bajar el ritmo
Prepara la cama, deja a mano tu ropa de descanso y ajusta las capas a la temperatura que te resulte cómoda. Un antifaz puede ayudarte a oscurecer tu entorno; la elección de una textura es una preferencia personal. Ningún tejido sustituye los hábitos de descanso ni garantiza resultados sobre la piel.