Buscas una funda de almohada de seda. Encuentras una a 9 €, otra a 35 y otra a 70. Las tres dicen «seda» en el título y las tres brillan igual en la foto.
La diferencia no es la marca. Es que al menos una de las tres no es seda, y hay formas bastante fiables de saber cuál.
Antes de comprar: mira la ficha
1. Busca el momme
Es la unidad de peso de la seda, y el poliéster no se mide en momme. Si aparece un número —19, 22, 25— hay muchas papeletas de que sea seda de verdad. Si no aparece por ningún lado, desconfía: es un dato que el fabricante conoce y que cabe en el título.
Lo contamos entero en qué es el momme.
2. Lee la composición, no el nombre
«100 % seda de morera» o «100 % mulberry silk» es una afirmación. «Satén», «satén de seda», «silky», «tacto seda» o «efecto seda» no lo son: satén es una forma de tejer y casi siempre se hace con poliéster.
3. Haz la cuenta del precio
La materia prima de una seda de 19 momme tiene un suelo. Una funda de almohada de seda auténtica no puede costar 9 €: ni con margen cero. Si el precio es demasiado bueno, el material es otro.
4. Mira las instrucciones de lavado
Si dice «lavable a 60 °C» o «apto para secadora», no es seda. La seda es una proteína y se estropea con el calor. Esa línea de la ficha delata más que el titular.
Cuando ya la tienes en casa
5. La prueba del tacto y la temperatura
Coge la tela con la mano cerrada unos segundos. La seda se calienta con tu mano casi al instante y se adapta. El poliéster se queda fresco al principio y luego, en vez de calentarse, hace que la mano sude.
Y al pasar la mano por encima: la seda auténtica tiene un ligero agarre, casi un chirrido suave. El poliéster resbala liso, como plástico.
6. La prueba del anillo
La clásica, y funciona con pañuelos y telas finas: un tejido de seda auténtica pasa entero por un anillo sin atascarse, porque la fibra es fina y flexible. El poliéster se apelmaza y se atranca.
Con una funda de almohada de 19 momme no lo intentes: es demasiado densa para pasar por un anillo aunque sea seda de la buena. Esta prueba es para telas finas.
Y la definitiva, que destroza un trozo
La prueba de la llama: corta una hebra de una costura interior y quémala. La seda, como el pelo o la uña, huele a proteína quemada y deja una ceniza negra que se deshace entre los dedos. El poliéster se funde en una bolita dura, huele a plástico y no se deshace.
Es la prueba más concluyente que existe y la más agresiva. Guárdala para cuando ya sospeches de verdad.
El brillo, que despista a todo el mundo
Se cree que la seda brilla más. No es exactamente así: la seda tiene un brillo que cambia de tono según cómo le dé la luz, porque la fibra es triangular y refracta como un prisma. Al girar la tela ves matices distintos.
El poliéster brilla siempre igual, plano y blanquecino, mires desde donde mires. Una vez lo has visto, ya no se te olvida.
Qué debería darte un vendedor serio
- El momme, con su número.
- La composición exacta y si es por las dos caras o solo por una — hay fundas con una cara de seda y otra de algodón que se anuncian igual.
- El grado del hilo si lo sabe (6A es el hilo largo y uniforme).
- Instrucciones de lavado coherentes con lo que dice vender.
Nosotros ponemos el momme en el título de cada producto —19, 22 y 25— y decimos «por las dos caras» cuando lo es. Y cuando un fabricante no publica el momme, lo decimos también en la ficha en vez de callarlo. Preferimos perder una venta a que descubras luego que el dato no estaba.