Te levantas con el cuello cargado. Has cambiado de colchón, has probado la almohada viscoelástica de la tele, has apilado dos almohadas viejas. Nada.
Casi nadie se hace la pregunta correcta, que no es «cuál es la mejor almohada» sino «cuánto hueco tengo que rellenar».
El hueco, que es de lo que va todo esto
Túmbate de lado en el suelo, sin nada bajo la cabeza. Entre tu oreja y el suelo hay un espacio: es el ancho de tu hombro. Puede ser de 10, 12 o 15 centímetros según tu complexión.
Ahora túmbate boca arriba. Ese espacio se reduce a la curva del cuello, unos 4 o 5 centímetros. Y boca abajo, casi desaparece.
La almohada tiene que rellenar exactamente ese hueco para que tu columna cervical quede recta, en la misma línea que el resto de la espalda. Ni más ni menos.
- Si se queda corta, la cabeza cae y el cuello trabaja toda la noche estirando los músculos de un lado.
- Si se pasa, la cabeza queda empujada hacia arriba y el trabajo lo hacen los del otro lado.
En los dos casos te levantas con el cuello cargado y le echas la culpa al colchón.
Por postura
De lado — necesitas alta
Es la postura más común y la que más altura pide, porque el hueco es el ancho de tu hombro. Aquí es donde más gente va corta: la almohada estándar de supermercado está pensada para dormir boca arriba, y quien duerme de lado acaba doblando el brazo debajo para compensar. Si te despiertas con el brazo dormido, esa es la señal.
Boca arriba — necesitas media
Solo hay que rellenar la curva natural del cuello. Una almohada demasiado alta aquí te empuja la barbilla contra el pecho, que es la postura de mirar el móvil… ocho horas seguidas.
Boca abajo — necesitas baja, o ninguna
Es la postura que peor le sienta al cuello, porque obliga a girar la cabeza noventa grados. Si duermes así, cuanto más plana la almohada, menos giro. Muchos fisioterapeutas dirían directamente que no uses ninguna.
«Es que cambio de postura»
Todos cambiamos. Lo que importa es en qué postura te duermes, porque es la que mantienes durante el primer sueño profundo, que es el tramo más largo y seguido de la noche.
Y hay un detalle práctico: si duermes de lado y boca arriba a partes iguales, coge la alta. Es más fácil hundir una almohada alta metiendo el brazo debajo que dar altura a una baja.
Cómo saber si la tuya te va mal
- Te levantas con el cuello o el trapecio cargados, y mejora a lo largo de la mañana.
- Doblas el brazo o metes la mano bajo la almohada sin darte cuenta.
- Has apilado dos almohadas para llegar a una altura decente.
- Te despiertas con la almohada tirada en el suelo o abrazada.
Ninguna es concluyente por sí sola, pero dos o tres juntas apuntan bastante claro.
Y el relleno, ¿importa?
Importa para que la altura se mantenga, que es distinto. Una almohada de fibra hueca empieza con la altura correcta y a los seis meses está aplastada por el lado en el que apoyas: has vuelto al problema del principio.
- Fibra hueca: barata y se apelmaza. Es de consumo.
- Viscoelástica: mantiene la forma, pero retiene el calor de la cabeza y en verano se nota mucho. Y las nuevas huelen a químico durante semanas.
- Plumón: mullido, pero se aplasta al apoyar y hay que ahuecarlo cada noche. Además suelta y no va bien con alergias.
- Seda: las capas de filamento largo no migran ni se apelmazan, y la fibra evacúa la humedad en vez de retener el calor. Es la que menos mantenimiento pide.
Nuestra almohada de relleno de seda viene en tres alturas con los gramos declarados: 1.000 g y 2 cm la baja, 1.250 g y 4 cm la media, 1.500 g y 6 cm la alta. No es «baja, media y alta» a ojo: son números que puedes comparar con la que tienes ahora.
Y encima le va nuestra funda de almohada de seda, que es lo que soluciona lo otro: las marcas en la cara y el pelo encrespado.